domingo, 19 de septiembre de 2010

Oposición a la predilección

Hoy que me libero de ti
Siento al tiempo que cae un peso de mi dorso
que mi ser esta perdido en un mundo de posibilidades
Soy una mujer fuerte
y se que podre con la dádiva que me obsequias
Esto es un canto de alegría
Que vuele la gente.
Que caminen las aves.
Que suspiren los prados.
Y sonrían las vacas
que hoy soy una mujer tenaz
no serenare mis lagrimas
para dejar salir mis fantasmas
desinflamare mi alma
separare nuestros caminos
con solo roces de extraños o amigos
Le regalo a la vida, mi placidez

1 comentario:

  1. Cuando estaba en el colegio cargaba una maleta, como los demás niños. Llegaba cada tarde y la tiraba en la calle, justo en la entrada de mi casa, para jugar con mis amigos. Siempre mi madre me regañó por esto.

    Luego, en la Universidad, llevaba mi maleta todos los días. Con más cuidado y ya sin mi madre controlando, la tiraba pero ahora en la sala de mi apartamento.

    Entonces obtuve mi título profesional. Y aún con diploma en mano, no he dejado de cargar una maleta. Ahora es mi oficina, a mis espaldas. Se supone que soy trabajador independiente, que no cumplo horario ni ordenes directas... pero siempre estoy con mi maleta.

    Cada tarde, o cada noche, la tiro en la sala, en el cuarto. Y por la mañana vuelvo a tomarla, para en la noche tirarla otra vez.

    Todo lo que abandono, regresa a mí inevitablemente. Como si de alguna forma me repitiera por ciclos. El ciclo de la maleta tiene una frecuencia diaria.

    El ciclo del amor parece revolucionar cada 5 años...

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